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Carlos Busqued: “La gente que cree que está en un lugar de normalidad suele ser muy peligrosa”

Cultura

26/04/2018 literatura

Carlos Busqued: "La gente que cree que está en un lugar de normalidad suele ser muy peligrosa"

Luego de noventa horas de conversación en la cárcel de Ezeiza con Ricardo Melogno, el hombre que en septiembre de 1982 mató a cuatro taxistas de forma idéntica en el lapso de una semana en el barrio de Mataderos, el escritor Carlos Busqued publica “Magnetizado”, un oscuro relato que ahonda en la mente de un asesino fuera de serie.

Por Juan Rapacioli

Ni ficción, ni crónica, ni testimonio ni perfil, el nuevo libro de Busqued se mueve incómodamente entre recortes periodísticos, informes judiciales y policiales, voces de psiquiatras, y logra desdibujar los límites entre el autor y el narrador para que el protagonista sea el entrevistado: Melogno cuenta su propia vida en primera persona.
Publicado por Anagrama, el libro es el resultado de una rigurosa edición de las más de noventa horas de conversación con Melogno, grabadas entre noviembre de 2014 y diciembre de 2015 en el Complejo Penitenciario de Ezeiza, y su gran operación es la de volverse invisible, evitando juicios y teorías.
Busqued (Presidencia Roque Sáenz Peña, 1970) habló con Télam sobre su nuevo libro.
– Télam: Si bien uno es una novela y otro una no ficción, hay un cierto clima compartido en tus dos libros: algo del orden de la soledad y el aislamiento del mundo…
– Carlos Busqued: Hay algunos elementos en común entre las historias: esa cosa de gente que está afuera del mundo. No tienen una relación plena con el mundo que construyen los otros. Tiene que ver con la ajenidad en distintos formatos. En la novela se ponía en juego la mía y acá es la de Ricardo. La conversación surge, supongo, porque hay un reconocimiento en ese punto. Me daría vergüenza decir que tengo empatía con Ricardo, porque sonaría que yo me estoy haciendo el no sé qué, pero hay una clase de comunicación por ese lado. Puedo sintonizar con estar afuera del mundo de los otros. No es que me interese trabajar ese clima, es que casi no tengo otra cosa.

– T: ¿De dónde viene esa ajenidad en vos?
– C.B.: Es una sensación que tengo desde el momento en que empecé a integrarme socialmente, desde que me tocó interactuar con gente. Ya sea en la primaria o la secundaria, siempre sentí que todo el mundo conocía algo que yo no conozco. Siempre es estar mirando a los otros y no entender bien qué mierda están haciendo, o para qué.
– T: A pesar de ser una persona atravesada por la violencia, Melogno se corre de la imagen clásica del asesino serial…
– C.B.: Creo que ni siquiera se corre, está corrido desde el arranque. Lo que se pone en juego es el haber sido llevado por algo desconocido (así lo desconocido haya sido él mismo). No hay una conciencia de su proceder, al menos por lo que se infiere del relato: él estaba en el medio de alguna especie de flujo fantasmal de cosas. Acá no hay una maldad hacia el otro individuo, en el sentido de una planificación previa, una fantasía que ya en ese mismo ejercicio del plan hay un placer, que es la clásica del asesino serial. Esto es otra cosa.
– T: En ese sentido, su propia historia pone en jaque la locura de la sociedad…
– C.B.: No, pobre, ojalá pudiera ponerla en jaque… la locura de la sociedad es una máquina gigante, imparable. En todo caso, la revela un poco. Alumbra la lógica de mierda, la hace un poco más evidente.
– T: ¿Qué libros te sirvieron en esta escritura?
– C.B:
Una variedad de cosas. Para entender un poco me puse a leer sobre espiritismo, religiones afroamericanas. Para entender y para poder sostener una charla. En cuanto a darle un marco al caso de Ricardo, el "Manual de clasificación del crimen" de Robert Ressler y libros como “El doble crimen de las hermanas Papin” de Allouch o “Los crímenes inmotivados” de Paul Giraud fueron muy útiles. Un libro de Colin Wilson sobre Dennis Nilsen, “Killing for company”, un libro muy picante porque Nilsen, que es un necrófilo operativo y existencial, te termina cayendo no del todo mal. Hay uno bien choto que se llama “Mi vida con los asesinos en serie”, de Helen Morrison, que se la pasa diciendo que los tipos son unos monstruos, y termina el libro yéndose en un auto con una feta del cerebro de John Wayne Gacy en el asiento del acompañante (después de la ejecución, el cerebro de Gacy fue donado a la ciencia). Ahí, viéndola irse con el cerebro de Gacy, pensás: ¿vos qué tan diferente sos? El problema es justamente la locura que no se reconoce a sí misma. La gente que cree que está en un lugar de normalidad suele ser muy peligrosa.
– T: Estás alejado de la escena literaria pero tus libros se venden bien, ¿Cómo te relacionas con la idea del éxito?
– C.B.:
No sé si se venden tanto. Quiero decir, no puedo pretender vivir de vender libros. O podría pretender vivir de las ventas de mis libros sólo si no necesitara alimentarme o pudiera prescindir de un techo o agua potable. Si esto es el éxito, es alto embole. Éxito es ser hijo de padres ricos. El resto es cagarse de odio y ver cómo pelearla. Antes estaba más enojado, ahora no tanto. Pero sigue siendo el mundo de los otros, no el mío.
– T: ¿El enojo te sirvió para escribir?
– C.B.:
No estar bien con uno mismo te lleva a hacer un esfuerzo en algún lado. Me tocó por acá, quizás otro se hace policía o presidente. Y sí, el resentimiento es una gran cosa, es como una quemadura que te provoca cierta clase de fiebre. O sea, preferiría haberla pasado bien y no escribir una mierda, pero sí, el resentimiento sirve para escribir.
– T: ¿Qué pensás de la construcción de la imagen de autor?
– C.B.:
¡Me encanta la imagen de los autores! Creo que están todos muy bien de imagen, salen todos muy lindos.
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