Compartir en Facebook

Un exitoso cafetalero de Hawaii decide dejar a sus hijos y volver a México antes de ser deportado

La historia de Andrés Magaña Ortiz sugiere que, con la administración de Donald Trump, ni siquiera los ‘good hombres’ están exentos de la persecución por razones de inmigración.

Magaña residió en Estados Unidos sin documentos por 28 años, y durante esa época pasó de ser un adolescente al que ‘coyotes’ cruzaron del otro lado de la frontera y luego un trabajador cafetalero a convertirse en un destacado empresario agrícola de Hawaii, tan relevante que fue protagonista directo de investigaciones científicas federales dedicadas a la erradicación de plagas del cafeto.

Ver fotos
Andrés Magaña Ortiz, nacido en México, y sus tres hijos estadounidenses. Magaña ingresó al país hace 28 años sin documentos y logró hacer una exitosa carrera en la agricultura del café en Hawaii, pero optó por volver voluntariamente a México ante la amenaza de ser deportado. (Captura de video/NBC News)
Más

Pero el haberse convertido en un destacado empresario, como indicó la televisora NBC, uno de los más influyentes en la industria del café en Hawaii, ni el tener tres hijos nacidos en Estados Unidos y estar casado con una estadounidense, ni el apoyo de toda la delegación de su estado en el Congreso o de un juez federal de Apelaciones le permitieron quedarse en el país: el gobierno de Trump determinó que Magaña, de 43 años, debía ser removido de Estados Unidos.

Ciertamente, como narró el periódico The Washington Post, Magaña enfrentó un proceso de deportación desde 2011, cuando en tiempos del gobierno de Barack Obama se comenzó el procedimiento para echarlo del país. Pero en 2014 y 2105 las autoridades le concedieron la posibilidad de permanecer en Estados Unidos, en el contexto de que, en ese momento, las prioridades de deportación eran los individuos con antecedentes penales o los que recientemente habían ingresado a Estados Unidos de modo irregular.

Pero en noviembre de 2016, cuando solicitó de nuevo ese beneficio, su petición fue rechazada sin explicaciones y en marzo de 2017, ya durante la administración de Trump, Magaña recibió la orden de salir del país.

De nada le sirvió que, como comentó el Post, Magaña fuera un destacado empresario del café que, inclusive, permitió en 2010 al Departamento de Agricultura utilizar, sin costo, una porción de sus cafetales en Hawaii para realizar investigaciones sobre insectos nocivos para ese cultivo. Tampoco que en su labor haya ayudado a muchos otros cafetaleros hawaiianos o que, ya en medio de su proceso de deportación, la delegación congresional de Hawaii en pleno (todos sus representantes y senadores federales) suscribieran en su favor una carta al secretario de Seguridad Nacional o que el juez federal de Apelaciones Stephen Reinhardt expresara públicamente que consideraba injusto que Magaña fuera expulsado del país.

Ver fotos
El empresario cafetalero Andrés Magaña Ortiz, en Hawaii, antes de su regreso voluntario a México para evitar la deportación. (AP)
Más

Ciertamente, en estricto sentido la condición indocumentada de Magaña bastó para que, a ojos de las autoridades, se determinara su deportación. Incluso el hecho de que él fue en dos ocasiones hallado culpable por conducir bajo la influencia del alcohol, una falta de peso aunque solo fue multado por ello, no habría sido la base en la que las autoridades decidieron que debía ser expulsado, según declaraciones de Reinhardt recogidas por el Post.

Pero también es cierto que la extrema división político ideológica del país (que por años ha frenado los diversos intentos de reforma de inmigración) fueron factores para que, durante los pasados 28 años, no se dieran las necesarias transformaciones legales para que personas como Magaña, que han realizado aportaciones sustantivas en beneficio de la sociedad estadounidense y no constituyen peligro alguno para ella, pudieran resolver su estatus migratorio y residir legalmente en el país.

Leer más

Así, antes de ser deportado Magaña optó por dejar voluntariamente el país. Como narró el periódico Honolulu Star Advertiser, él se despidió de sus tres hijos, de 20, 14 y 10 años de edad, el viernes pasado y abordó un vuelo que lo llevó a San Francisco, de donde continuó a Houston y, finalmente, a Morelia, Michoacán, cerca del pueblo del que es originario y del que salió en 1989 cuando era menor de edad.

Allí, indica el Post, Magaña tenía previsto alojarse con algunos amigos en tanto lograba hacer contacto con una tía, el único familiar que tiene en México. En Hawaii, en cambio, quedaron sus tres hijos estadounidenses, su esposa, sus negocios (en los que él empezó como trabajando en el campo hasta, con el tiempo, convertirse en empresario agricultor) y el respeto y aprecio de su comunidad.

La hija de Magaña cumplirá pronto los 21 años y podrá entonces comenzar el trámite legal para solicitar la entrada legal de su padre al país. Pero como los medios citados han indicado, eso podría ser un largo proceso dado que Magaña podría enfrentar una sanción de 10 años sin poder volver a Estados Unidos. Y no hay certidumbre de que, incluso así, eso vaya a culminar exitosamente.

Se trata así de una circunstancia que, pese a su legalidad, resulta profundamente injusta. El juez Reinhardt lo expresó enfáticamente: la orden de deportación contra Magaña, que lo llevó a decidir irse voluntariamente del país, es “inhumana” y “contraria a los valores del país y a su sistema legal”.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

RebloguearCompartirTuitearCompartir