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"Si aprueban su ley de salud me están condenando a muerte": la demoledora carta de un joven discapacitado a los congresistas republicanos de EEUU

Aunque frenada por el momento por desencuentros en el Senado –o más precisamente en su mayoría republicana– la iniciativa de reforma de salud impulsada por el liderazgo de esa Cámara y hasta ahora avalada por Trump implica que miles y miles de personas podrían quedar, literalmente, en riesgo de morir por la carencia o insuficiencia de cobertura médica para atender sus padecimientos o necesidades.

Un análisis de la publicación especializada Annals of Internal Medicine cita investigaciones que han mostrado que la falta de seguro médico incrementa el riesgo de morir y sugiere que, de aprobarse el proyecto presentado en el Senado, la probabilidad de muerte se incrementará sustantivamente para muy amplios grupos de estadounidenses.

Raúl Carranza, joven discapacitado y activista, le escribió a los republicanos que si aprueban su reforma de salud lo estarán condenando a muerte. (Facebook/Raúl Carranza)
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De acuerdo a BuzzFeed, 28.600 estadounidenses más podrían morir al año si la iniciativa senatorial se vuelve ley y reemplaza a la actualmente vigente (conocida como ‘Obamacare’), justo porque la nueva propuesta implica que, para 2026, 22 millones más de personas no tendrán cobertura de salud.

Pero esa ominosa ruta es mucho más que una hipotética estadística. La carta pública que Raúl Carranza, un activista discapacitado, ha dirigido al Partido Republicano es muy clara: si su iniciativa de ley de salud entra en vigor, será para él una sentencia de muerte.

En su carta, reproducida por el portal Truthout, Carranza dice a los republicanos que “su obsesión por desmantelar nuestro sistema de salud con la abolición y reemplazo de Obamacare con su draconiana abominación de iniciativa de ley… es la más grande amenaza a mi existencia que yo he enfrentado”.

Y ha enfrentado varias muy severas.

Carranza, hoy de 27 años, padece una rara mutación genética que se expresa en distrofia muscular. Le fue diagnosticada a los dos años de edad y los médicos dijeron entonces que sería afortunado si lograba superar la adolescencia.

Carranza nació en Estados Unidos, luego de que su madre, al poco de dar a luz, cruzó la frontera para que su hijo naciera en California. Esa circunstancia, narra el joven, le permitió tener acceso en su niñez a servicios médicos públicos como Medicaid (Medi-Cal en California) y también en algún momento a cobertura de salud privada gracias a que el empleo de su padre le permitía pagarla.

Pero, cuenta Carranza, a medida que él crecía “me volvía más enfermo. Las visitas al hospital se acumularon y alcancé el máximo de cobertura de por vida [el tope de dinero que las aseguradoras privadas dedican a una persona] bastante antes de la escuela secundaria”.

Cuando cursaba entre el sexto y octavo grado, la salud de Carranza comenzó a empeorar. Él dice en su carta que comenzó a tener dificultades para tragar, dejó de tener capacidad de comer y bajó severamente de peso. Pero gracias a Medicaid pudo someterse a una cirugía para que le implantaran un tubo con el cual pudiera alimentarse. Desde entonces se encuentra en esa situación, y Medicaid cubre los costos de su tratamiento.

La condición de Carranza ha continuado deteriorándose. El narra en su carta que, a los 13 años, comenzó a usar de modo permanente una máquina para respirar. Un día, la máscara con la que recibía el oxígeno se le cayó y el joven narra que su hermano “lo encontró inconsciente, azul, con los ojos idos hacia atrás de su cabeza”. Luego de eso, se le tuvo que instalar de modo permanente un tubo para respiración. Pero, nuevamente, Medicaid pagó su cuenta y sus padres incluso pudieron comprarle una televisión de gran pantalla como regaló por su cumpleaños número 14.

Pero todo ello no le ha impedido ser un luchador por los derechos de los discapacitados y desde 2011 ha realizado activismo contra los recortes presupuestales que le redujeron sus horas de cuidado médico hasta que, comenta Truthout, logró ganar una larga batalla legal. Un video en YouTube explica esa lucha de Carranza por recuperar sus beneficios médicos.

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Carranza explica en su carta que él y su familia han podido seguir adelante gracias al seguro público, Medicaid y explica que pese a su enfermedad y sus limitaciones él logró continuar sus estudios y se matriculó en una universidad, donde incluso logró vivir, como cualquier otro estudiante, en los dormitorios del campus, independiente de su familia. “Y gracias a Medicaid estoy comenzando la escuela de derecho en agosto”, contó.

El joven, con todo, les reprochó en su carta a los republicanos que él sienta “que tiene que convencerlos de que merezco vivir… Las personas con discapacidades merecen vivir”. Y concluye diciéndoles que “muy frecuentemente, usamos números y estadísticas para ilustrar lo inhumana que es su iniciativa de ley. Estoy aquí para decirles que yo no soy una estadística. Tengo nombre. Soy Raúl Carranza y vivo en San Diego, California. Y si ustedes votan por esta iniciativa me están condenando a muerte”.

Si Medicaid es recortado, Carranza podría simplemente quedarse sin posibilidad de costear los tratamientos que lo mantienen con vida.

Esa ominosa posibilidad, por ahora, se ha aplazado pues disensos, e incluso abiertas rebeliones, entre los senadores republicanos forzaron a posponer su debate y posible votación.

El rechazo a aprobar esa iniciativa que existe entre los senadores republicanos (todos los demócratas se oponen a ella de tajo) se fundamenta en varios aspectos especialmente rudos de esa ley, sobre todo que provocará que haya en 2026 unas 22 millones más de personas sin seguro médico, frenará la cobertura de Medicaid (el programa público gratuito para los de menores ingresos y que ha permitido a Carranza atenderse y seguir con vida) y ofrecerá menos opciones a mayor precio para las personas de más edad, los que tienen padecimientos existentes y los pobres.

Otros, los más conservadores, se oponen por razones contrarias: consideran que la iniciativa mantiene demasiado de las regulaciones y subsidios de la ley vigente, Obamacare, y desean eliminarla por completo.

En todo caso, dado que los senadores republicanos solo pueden darse el lujo de tener a dos de su bancada en contra, y actualmente una cantidad mucho mayor no avala la iniciativa, es que la votación al respecto se pospuso, pese al interés del líder Mitch McConnell por presentarla al pleno antes del 4 de julio.

Y aún no es claro, con todo, si se lograrán los consensos y modificaciones para que al menos 50 de los 52 senadores republicanos (los otros 48 son demócratas o independientes) voten a favor de ese plan, que por lo demás es muy mal visto por la inmensa mayoría de los estadounidenses, de acuerdo a encuestas.

Pero lo que para algunos es aritmética legislativa, estira y afloja político-partidista, debate ideológico o reenfoque de políticas públicas, para Carranza y millones de estadounidenses es un asunto de vida o muerte.

El bienestar de la enorme mayoría de la población y de personas como Carranza pasa porque, en realidad, se logre una solución menos dura y más humana.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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