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Las FARC ya dejaron las armas pero el futuro de los guerrilleros es incierto

Según el último estudio de la Universidad Nacional, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hay 10.015 guerrilleros -incluyendo a los presos-, de los cuales al menos 80 son extranjeros. EFE/Archivo
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Bogotá, 8 jul (EFE).- Las FARC ya son una guerrilla sin armas, lo que supone el final del camino del conflicto, pero el inicio de otro trayecto: el que deben hacer sus miembros que, tras años de guerra, se enfrentan a la incertidumbre de a qué dedicar sus vidas con el miedo constante por su seguridad.

Según el último estudio de la Universidad Nacional, en las FARC hay 10.015 guerrilleros -incluyendo a los presos-, de los cuales al menos 80 son extranjeros.

Son más de 10.000 vidas que sólo conocen lo más crudo de una guerra que les ha llevado a desconectar de su entorno, que les ha aislado de familiares y amigos y que solo les ha permitido conocer un oficio: el de las armas.

Ahora deben emprender el camino de regreso, hacer un esfuerzo ciclópeo que va desde lo psicológico -retornar a la sociedad y saber vivir sin el estruendo de las armas- a lo más tangible: aprender un oficio y tener un sustento con el que construir un hogar.

Los obstáculos serán numerosos y, probablemente, el primero que deban enfrentar sea el de la polarización social acerca del proceso de paz, que tiene como punto de partida la mala imagen de las FARC entre la opinión pública y la desconfianza que generan.

La inmensa mayoría de la sociedad no quiere tener a un guerrillero desmovilizado como vecino o compañero de trabajo y eso dificultará notablemente el proceso.

La situación se agrava porque el 81 % de los guerrilleros procede del campo, donde su pasado será difícil de esconder y se puede convertir en un estigma casi imposible de superar.

Probablemente, el colectivo más damnificado sea el de los cerca de 3.000 presos, pues siete meses después de la firma del acuerdo de paz, 2.000 de ellos siguen tras los barrotes, lo que muestre el retraso del Gobierno en cumplir lo pactado.

Ello genera inquietudes entre los guerrilleros, que temen por su seguridad pese a que el Estado se comprometió a que no se repitan asesinatos del pasado, como los que sufrieron otras guerrillas desmovilizadas o el partido de izquierdas Unión Patriótica (UP) en los años 80 y 90.

Tanto es así que centenares de sus miembros, incluido Seusis Pausias Hernández, alias "Jesús Santrich", uno de los máximos dirigentes, han iniciado una huelga de hambre para que el Gobierno cumpla su compromiso de liberar a los guerrilleros.

Considerando que muchos de ellos volverán a zonas rurales y las complejas condiciones de seguridad, un elemento clave para el desarrollo de Colombia es que el Estado entre a las zonas en las que hasta ahora las FARC ejercían su dominio.

Que tenga la capacidad de hacerlo determinará en buena medida el futuro no solo de los exguerrilleros sino también de un país que podría conocer nuevas expresiones de violencia reciclada si otras bandas se asientan en esos territorios.

Así sucedió cuando los paramilitares se desmovilizaron en 2006 y una banda que salió de sus filas, el Clan del Golfo, se enquistó en sus tierras.

Ahora la Policía y el Ejército luchan por sacarles de esos territorios sin mucho éxito hasta el momento.

Mantener su seguridad será clave para que miembros de las FARC no se unan a otras bandas o vuelvan a tomar las armas, como también lo será educarles en oficios diferentes al único que muchos conocen.

El 11 % de ellos no sabe siquiera leer y escribir, el 57 % sólo recibieron la educación básica y el 21 % terminaron la secundaria, mientras que el 3 % tienen formación universitaria.

Hasta el momento, ese es el punto más oscuro, ya que no está claro cómo la antigua Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), ahora renombrada como Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN), podrá asumir el reto.

Son, si se descuenta a quienes tienen educación universitaria, unas 9.700 personas que deben recibir formación con la que después han de abrirse un futuro en una sociedad en la que en muchos casos no cuentan con una red humana que les apoye.

La mejor prueba de la importancia de la formación es que el 77 % de los guerrilleros aseguró que no tiene un lugar para vivir, por lo que el oficio que aprendan será básico para sobrevivir.

Trabajo, aceptación y futuro, tres claves que debe cumplir Colombia para que la paz no se quede en el desarme de las FARC y no surja nueva violencia que dé al traste con la esperanza de un futuro mejor para el país.

Gonzalo Domínguez Loeda

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