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La extraordinaria escuela que 'ilumina' a las mujeres condenadas a vivir en la ignorancia

Cuando Ramabhai Ganpat muera y se presente ante Dios, le dirá que no realizó demasiadas cosas en su vida, pero al menos aprendió a firmar con su propio nombre. Esta anciana de la India asiste a una escuela de abuelas que confirma una verdad indiscutible: nunca es tarde para emprender el camino de la educación.

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La comunidad de Fangane ha apoyado la escuela porque nadie se había preocupado antes por la educación de las abuelas (REUTERS/Danish Siddiqui)
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La historia de Ramabhai y de otras 29 mujeres del poblado de Fangane es también la de la desigualdad entre hombres y mujeres. El orden arcaico, que las subordinó a la voluntad de padres, hermanos y esposos, torció el destino de estas campesinas. En el crepúsculo de sus vidas han descubierto un conocimiento que les fue vedado. Y agradecen la oportunidad, humildemente, pero sin olvidar por qué llegaron tan tarde al colegio.

La importancia de una firma

El profesor Yogendra Bangar, fundador de la escuela, recuerda cómo las ancianas le confesaron su pesar por no poder leer los relatos sobre Chatrapati Shivaji Maharaj, un guerrero indio celebrado en la aldea de Fangane cada año. Entonces comprendió que casi todas las mayores de la aldea eran analfabetas.

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La escuela fomenta la solidaridad entre las abuelas (REUTERS/Danish Siddiqui)
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Para ellas, ignorar la escritura del idioma local, el marathi, acarreaba consecuencias muy prácticas. Cuando iban al banco, por ejemplo, debían firmar los documentos con una impresión de sus huellas digitales. Y los demás se burlaban. Aprender a leer y escribir ha curado una parte de la autoestima lacerada por tantos años de estigma.

Asistir a la escuela también les ha permitido trazar un nuevo puente con sus hijos y nietos. Al regreso de las clases comparten con ellos el contenido de las lecciones. Juntos leen poemas, hacen sus tareas y estudian para la próxima jornada.

En el aula, las alumnas, cuyas edades van de 60 a 90 años, no solo atienden a las explicaciones sobre el alfabeto y los números. Ese encuentro diario de dos horas con sus vecinas rompe con la rutina de quehaceres en el hogar y, sobre todo, con la soledad. Por eso no importa tanto que olviden las letras antes del día siguiente. Tampoco las detienen los achaques o la pérdida progresiva de la visión y el oído. La decisión de aprender ya ofrece un nuevo sentido a sus vidas.

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Las abuelas de Fangane pertenecen a una generación de mujeres limitadas a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos (REUTERS/Danish Siddiqui)
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Analfabetismo con cara de mujer

La mayoría de las mujeres de la edad y la clase social de Ramabhai Ganpat fueron casadas en su infancia o temprana adolescencia. El matrimonio no significaba salir de la pobreza. En Fangane, más de 1.000 kilómetros al suroeste de Nueva Delhi, la agricultura de subsistencia y los empleos mal pagados en fábricas cercanas no alcanzan para escapar de la precariedad.

En muchos casos el casamiento marcaba el fin de la educación. Las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, trabajos asignados tradicionalmente a las mujeres, dejaban ningún tiempo para el aprendizaje de letras y números. Las familias, si había algún dinero para estudiar, priorizaban a los varones.

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La escuela de abuelas les devuelve una parte de su dignidad, atacada por el estigma del analfabetismo (REUTERS/Danish Siddiqui)
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La India es el país con el mayor número de personas adultas analfabetas en el mundo: 287 millones. Las mujeres de esa nación asiática tienen un tercio menos de probabilidades de ser alfabetizadas que los hombres. Incluso entre las jóvenes generaciones la desigualdad de acceso a la educación entre ambos sexos es considerable.

La historia de la escuela de abuelas en Fangane ilustra una de las grandes paradojas del orden machista. La misma sociedad que condena a las mujeres a la ignorancia en la infancia y juventud, las estigmatiza en la vejez por no haber aprendido habilidades tan esenciales para la vida cotidiana como leer y escribir. La tenacidad de Ramabhai Ganpat y sus vecinas desafía esa injusticia.

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