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¿Islamización del radicalismo o radicalización del Islam?: las razones que incitan a los jóvenes terroristas

En este minuto, en cualquier ciudad de Norteamérica o Europa un joven podría estar preparando el próximo ataque. Quizás su familia subestima las ideas radicales del muchacho. Seguramente sus vecinos no sospechan que en la puerta de al lado habita un terrorista. Es probable que la policía no lo considere una amenaza, todavía.

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Los nuevos terroristas protagonizan una rebelión generacional. En la foto Salah Abdeslam, uno de los implicados en los ataques a París en noviembre de 2015 (M6info)
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Y luego la historia se repite: como salidas de la nada, las células terroristas golpean donde menos se esperaba. Los autores se declaran fieles al Estado islámico, que poco después confirma su responsabilidad en la masacre. Al final de los atentados, los asesinos mueren baleados por la policía. Para desconcierto de las autoridades, detrás de estos asaltos no hay complejas redes terroristas que elaboren planes minuciosos, sino un fenómeno más difícil de comprender.

Las teorías para explicar el auge del terrorismo ocupan frecuentes espacios en los medios y obsesionan a los académicos. En ese torbellino de elucubraciones, dos grandes corrientes se distinguen: por un lado quienes defienden la tesis del choque de civilizaciones, según la cual la integración de los musulmanes a las sociedades occidentales pasa por una reforma del Islam. Sin ese cambio profundo, que dejaría sin fundamento teológico los llamados a la yihad (guerra santa), el enfrentamiento entre ambos hemisferios religiosos continuará.

La segunda hipótesis más popular coloca la culpa sobre los hombros de Europa y Norteamérica. Los extremistas lucharían contra los rezagos del colonialismo, por causas concretas como la del pueblo palestino y en rechazo a la política exterior de Washington y sus aliados en el Medio Oriente. A esa justificación también se sumaría el racismo y la islamofobia más o menos disimulados en Occidente.

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A los jóvenes protagonizan ataques terroristas o se unen al Estado islámico les interesa poco la situación concreta de sus correligionarios (AFP)
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Pero en los últimos meses una nueva tesis ha ganado popularidad en Europa. El francés Olivier Roy, profesor en el Instituto Universitario Europeo de Florencia, asegura que presenciamos una “islamización del radicalismo” en lugar de una radicalización del Islam. Parece un trabalenguas, sin embargo, este juego de palabras mueve dramáticamente el punto de partida de los análisis sobre el terrorismo.

Una rebelión generacional

Roy ha organizado una base de datos de cerca de 100 terroristas que durante los últimos 20 años han cometido atentados en Francia y Bélgica, o han partido de estos países para unirse al Estado islámico. La revisión de cada caso le ha permitido esbozar un perfil aproximado del joven terrorista típico de esa nueva era.

Hijos de padres inmigrantes, los reclutas occidentales del Estado islámico no se diferenciaban demasiado de sus coetáneos antes de radicalizarse. Llevaban una vida ordinaria: se divertían en clubes nocturnos, bebían alcohol, consumían drogas, salía con muchachas… Tras haber cometido delitos menores, cayeron en prisión, donde entraron en contacto con otros jóvenes radicalizados o en vías de convertirse a la corriente más extrema del Islam: el salafismo.

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Las comunidades musulmanas en Europa han rechazado los atentados cometidos por los jóvenes radicalizados (Foto: Ivan Gonzalez)
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Según Roy, la conversión al fundamentalismo islámico no justifica por sí sola la actitud de los nuevos yihadistas. De hecho, el salafismo no aprueba el suicidio, que es el destino deseado por quienes han protagonizado los ataques terroristas de las últimas dos décadas. Por otra parte, los jóvenes terroristas tampoco asisten con asiduidad a las mezquitas de sus comunidades ni exhiben un conocimiento profundo de la religión. La mayoría ha adquirido sus doctrinas a través de Internet o influenciados por amigos.

El catedrático francés apunta más bien a una rebelión generacional. “No se están rebelando necesariamente contra sus padres en lo personal, sino contra lo que estos representan: humillación, concesiones a la sociedad y lo que ellos entienden como ignorancia religiosa”, escribió en el diario británico The Guardian. La práctica del Islam de sus progenitores sería una muestra de su rendición, mientras el extremismo y el odio a Occidente, representarían la resistencia a esa sumisión.

Más que todo, estos jóvenes buscan desesperadamente un sentido a sus vidas. Esa sed por encontrar una causa que los rescate de la frustración existencial ha sido aprovechada por el Estado islámico.

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El Estado islámico ofrece un sentido a la rebelión de los jóvenes terroristas contra la sociedad (La Nación)
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El encanto irresistible del Estado islámico

De acuerdo con Roy, la genialidad del Estado islámico ha sido “ofrecer a estos jóvenes voluntarios un marco narrativo dentro del cual ellos pueden alcanzar sus aspiraciones.” El grupo terrorista les asigna una misión cuyo cumplimiento los hará mártires. Después de la muerte los aguarda el “paraíso” que el Islam promete a sus fieles.

En un mundo donde escasean los ideales inspiradores, el Estado islámico emerge como una atractiva opción en el mercado de las rebeliones contra el orden establecido. Cierto, los movimientos juveniles que han respaldado a Bernie Sanders y Jean-Luc Mélenchon permiten cierta esperanza. Pero millones de jóvenes no encuentran su sitio en las sociedades de consumo, gobernadas por una clase política que alimenta el cinismo.

Los verdaderos enemigos no serían entonces ni el Estado islámico ni las corrientes extremas del Islam. “El radicalismo es lo que atrae a estos jóvenes”, afirmó Roy en entrevista a Quartz. “Aniquilar al Estado islámico no eliminará la amenaza terrorista porque los nuevos yihadistas son oportunistas y encontrarán otra bandera bajo la cual luchar”, aseguró.

Los políticos que ascienden al poder o aspiran a alcanzarlo, encaramados en un discurso antiinmigrante e islamofóbico, deberían considerar seriamente el acercamiento de Roy. Porque la solución al terror, más que en el cierre de fronteras, la intolerancia religiosa y la militarización de la vida civil, podría estar en políticas que ofrezcan a los futuros terroristas un camino alternativo a la radicalización.

Claro, el miedo suele movilizar a una buena parte de los votantes. Cuando la única visión política consiste en ganar elecciones y mantenerse en el poder, nada más importa.

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