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El libro de la semana: “Las tardes con Ursula”, de Nicolás Peyceré

Cultura

06/10/2017 libros

El libro de la semana: "Las tardes con Ursula", de Nicolás Peyceré

En la página 39 de Additamenta (Último Reino, 1995) de Nicolás Peyceré, se lee: “Cómo es la servidumbre del sentido: hay ajuste debido a lo contingente”. Ahora en Las tardes con Ursula (Mansalva, 2017) reincorpora fragmentos de aquel libro, más otros que surgieron de allí, “con nuevas ideas”. La nuevo, la novedad de Las tardes… acontece como profundización, como discurso cada vez más al límite, al extremo, como puesta en escena de la tensión inherente citada más arriba: el sentido es contingente.

Por Damián Tabarovsky

Contingente significa, tal vez, azaroso, pero nunca arbitrario. La prosa de Peyceré, contaminada, o tal vez, para apelar a una vieja categoría marxo-estructuralista, sobredeterminada de poesía, psicoanálisis, esquirlas filosóficas y un dejo teatral, puede leerse ante todo como un discurso. Peyceré es un discurso antes que un relato, una oración -oración como plegaria, pero también como glosa- antes que un cuento, una rogativa antes que una novela. Y es también un vestigio, el vestigio de, quizás, una época maravillosa. ¿Cómo llamarla? ¿Literatura argentina de fines de los ‘60 y principios de los ‘70? Es posible. Siempre y cuando recordemos que los ‘70 también fueron Crisis y el naciente Osvaldo Soriano, fue la trivialidad de Eduardo Galeano y el cancionero insoportable, fue el populismo literario: el enemigo de la literatura.
Peryceré tiene claro el enemigo, es decir, el objetivo. Y también tiene claro una herencia de esos años. ¿Cómo nombrar a esa herencia? ¿Psicoanálisis? Quién sabe, tal vez el psicoanálisis sea hoy solo un vestigio, una huella, la marca de algo que pasó y que, al mismo tiempo, todavía perdura. ¿Un fantasma, entonces? ¿Por qué no? Fantasma productivo, porque leyendo a Peyceré volvemos a esa época y nos preguntamos, por dar un caso, acerca de los restos de psicoanálisis en Osvaldo Lamborghini. Hoy parece que a Lamborghini no le hubiera interesado nunca el psicoanálisis. O no le hubiera interesado nunca Pierre Guyotat. Pues Peyceré viene a decirnos que ese fantasma se entremezcla como discurso, y el discurso se organiza como fragmento.
Porque finalmente, ¿de qué trata Las tardes con Ursula? La respuesta se esconde (o se exhibe) ya desde la primera página: “el uso de la palabra gramática”, Peryceré es de esos escritores (pienso en Raschella, en Libertella) cuyo tema es la sintaxis, “las pronunciaciones nuevas”, y cuyo método, siguiendo la cita de Rimbaud incluida en la página 15, puede resumirse así: “He querido decir lo que eso dice, literalmente y en todos los sentidos”. Las tardes… es un discurso total, un discurso que aspira a la totalidad, y por lo tanto no tiene otro modo que volverse fragmentario, discontinuo, quebrado. La totalidad ya no existe. Existe el vestigio de que alguna vez existió, de que alguna vez existió esa utopía, la utopía previa al romanticismo alemán y por lo tanto a las vanguardias, que hicieron del fragmento su morada. Entonces Peyceré atrapa la totalidad precisamente a través de esos quiebres, de esas rupturas, de esos hiatos, que bien funcionan como escenas: la escena de la escritura y la escena de la interpretación. Todos los pasajes de la narración, todos los momentos de Las tardes con Ursula remiten a esas dos escenas, una retroactuando sobre la otra, incluso en conflicto, como la frase de Shoshana Felman, citada en la página 50: “‘la cosa literaria’ resiste a la interpretación”. De vuelta a lo literal (recuerdo ahora una frase de Luis Chitarroni en una conversación con el editor de su Peripecia del no: “nunca nos fuimos de Literal”).
El corazón de esa tensión –y seguramente el corazón del libro- se encuentra en la página 22, cuando Peryceré se detiene, de un modo casi programático, en los “dos modelos posibles”: el reductor o hermenéutica, y el enriquecedor o heurística”. El primero, que remite al término griego interpretar, traducir, o también mediar, “quiere un sentido consensual”. De allí la reducción: la literatura se opone al consenso. Y la hermenéutica, “es también una tautología”. Heurística, en cambio, envía a la palabra griega eureka, es decir, descubrir, inventar. O sea que “su forma puede ser una construcción”. Peryceré remata: “Freud anuncia una segunda época (…) en la que debe prevalecer una construcción sobre una interpretación”. Leída en esa clave, Las tardes con Ursula es un formidable trabajo de composición, un collage de ficción y ensayo sobre la ficción, una autoconsciente textura en pelea contra la fijación del sentido. Sobre eso Peyceré vuelve una y otra vez. La hermenéutica reductora es su bestia negra, a la que apunta directamente. Como en la página 49: “Se suele sostener que la hermenéutica es el arte de interpretar escritos para fijar sentido (…). Pero el judaísmo antiguo parecía entender, de un arte para interpretar, en otro modo (…) tenían ‘setenta rostros’, es decir, que el sentido no tiene límite o terminación; ni aún referidos a un tiempo o suceso. Había muchos resplandores y sombras”.
Volvamos por un momento a Additamenta: “No habrá apoderamiento de la realidad más que haciéndola posibilidades” (página 16). Podría pensarse ya no solo a Additamenta, ya no solo a Las tardes con Ursula, sino a toda su obra como una expansión del campo de lo posible, que en Peyceré bien podría declinarse como el campo de lo ilegible. Porque Peyceré –quien haya frecuentado alguno de sus libros lo sabe- hace de lo ilegible su punto de partida (y su punto de llegada: la meta es el origen). El título de la letra es oscuro, proliferante, a veces vacío (entendiendo vacío como lo que no tiene centro). La interpretación, escribe Peyceré, es inferencia, y no de pruebas, no se halla protegida de la controversia. Lo ilegible no es críptico sino polémico. Es en ese contexto, en esa contingencia, que debemos leer a Peyceré; y en ese contexto entonces su prosa rota se vuelve cristalina, transparente, diáfana. Como la cita de Barthes que incluye en la página 15: “La contingencia es lo que da claridad al sentido”.
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