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Bolivia: Presidente evo Morales participo de los homenajes al Che Guevara en Valle Grande.

Bolivia: Presidente evo Morales participo de los homenajes al Che Guevara en Valle Grande.

En 1966 Bolivia estaba gobernada por una dictadura militar dirigida por el general René Barrientos, que había derrocado al presidente Víctor Paz Estenssoro el 4 de noviembre de 1964.

Este alzamiento militar había puesto fin a la denominada Revolución de 1952, que supuso importantes cambios en la vida política, social y económica del país, a través de una extensa reforma agraria, la nacionalización de la extracción de minerales y de la instalación del sufragio universal, entre otras medidas.

Con pasaporte falso a nombre de Adolfo Mena, a esa Bolivia arribaba El Che Guevara el 7 de noviembre de 1966, el día en que comienza su “Diario de Bolivia”, luego de una fallida experiencia guerrillera en el Congo y de una larga estancia en Praga. Esta llegada se producía cuando quizá no tenía un claro horizonte político por delante y después de barajar varias posibilidades para instalar un foco guerrillero.

Hoy comienza una nueva etapa. Por la noche llegamos a la finca. El viaje fue bastante bueno”, escribía de puño y letra el revolucionario rosarino inaugurando las anotaciones en su libro.

Días después, lo nutría con otras apreciaciones: “El panorama se perfila bueno en esta región apartada donde todo indica que podemos pasarnos el tiempo que estimamos conveniente”.

El Che dejaba en Cuba la confortable comodidad de ser parte de cualquier cargo en el gobierno de la isla y también a su esposa, Aleida March, y a sus cinco hijos, el primero de ellos de una unión anterior. El 2 de noviembre de 1966 fue su último contacto, al menos en persona, con su familia.

Con intensiones de continuar la Revolución y de no caer en la tentación de ser un burócrata de escritorio (algo a lo que siempre se opuso en la teoría y en la práctica), Guevara se instaló en una zona montañosa y selvática ubicada cerca del río Ñancahuazú (río de oro), en el sudeste del país, donde las últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes coinciden con la región del Gran Chaco.

La elección de esta zona para comenzar su nueva empresa fue cuestionada después por la complejidad del terreno y por no tener un rápido acceso a países limítrofes, como la Argentina.

Quizá hasta El Che tomó conciencia de esto cuando ya era demasiado tarde. El grupo guerrillero estable estaba integrado por 16 cubanos, mucho de ellos ya habían participado de las contiendas revolucionaras en Sierra Muestra y de la excursión que el rosarino encabezó en el Congo. Además, eran hombres de su mayor confianza.

El total de 47 combatientes y tomando el nombre de Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN), el grupo incluía también un gran números de bolivianos, conocedores del terreno y de la política local, y también algunos peruanos y argentinos, entre ellos la joven argentina-alemana Tamara Bunke, conocida bajo el nombre de “Tania”.

En marzo de 1967 comenzaron los enfrentamientos armados y el ELN copó una unidad militar. Poco después, dejaron el campamento para escapar del cerco que comenzaron a formar las filas del ejército boliviano.

El 3 de abril El Che dividió sus fuerzas, poniendo a Juan Acuña Núñez al mando de la segunda columna. Ambos grupos se perdieron y nunca volverían a encontrarse. Para algunos especialistas, la división no fue la mejor decisión para un hombre de la experiencia de Guevara.

En los meses siguientes, mientras el Che seguía con “el asma a todo vapor”, según consignó en su libro, el ELN iba a sufrir numerosas bajas y padecería de la escasez de alimentos, mientras que el Ejército Boliviano, con el apoyo de la CIA, le pisaba los talones.

El 1 de agosto , la CIA envió los cubano-estadounidenses Gustavo Villoldo y Félix Ismael Rodríguez, dos agentes entrenados, para sumarse a la caza de El Che. A fines de ese mes, el ejército emboscó a la segunda columna en Vado del Yeso, cuando cruzaban el río causando otro importante número de bajas del grupo, por entonces diezmado y famélico.

“La radio trajo por la mañana la noticia de que Barrientos afirmaba que yo estaba muerto desde hacía tiempo y todo era propaganda y por la noche la de que ofrecía $ 50,000 (4,200 US) por los datos que facilitaran mi captura vivo o muerto”, escribía El Che en su libro el 11 de septiembre, cuando en la argentina en medio del Onganiato se celebraba el Día de Maestro, a propósito de los rumores que intentaba instalar el presidente de Bolivia.

Al margen de la estrategia gubernamental de desprestigio a El Che y el ELN, los pobladores de la región boliviana donde se sentaron desconfiaban en principio del grupo guerrillero y tomaron conciencia cuando era demasiado tarde. “Estábamos convencidos de que los guerrilleros eran gente mala”, contó Irma Rosado, una de las pocas pobladoras de La Higuera, a Pacho O’Donnell para el libro “Che. La Vida por un mundo mejor”.

“Sólo cuando pasó el tiempo supimos la verdad de las cosas. Éramos gente ignorante”, agrego, en tono de autocrítica esta mujer, que asegura que hay quienes le rezan al “milagrero” San Ernesto de La Higuera.

El 26 de septiembre entraron al pequeño caserío de La Higuera y, al salir, la vanguardia fue emboscada, muriendo tres de ellos. “Nuestras bajas han sido muy grandes esta vez; la pérdida más sensible es la de Coco, pero Miguel y Julio eran magníficos luchadores y el valor humano de los tres es imponderable”, apuntaba El Che.

Con la respiración del enemigo en la nuca, los escasos sobrevivientes continuaron en su escapatoria bajando hacia un río, cuando corría el 7 de octubre y El Che hacía una última anotación en su libro. “Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las 12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla”, redactó en el principio de inscripción final en el libro que no cayó en manos de laca y que pudo llegar ileso a Cuba.

El 8 de octubre fueron sorprendidos en la Quebrada del Churo y El Che ordenó dividir el grupo en dos, enviando a los enfermos delante y quedándose con el resto a enfrentarse a las tropas del gobierno boliviano.

Luego de tres horas de combate, Guevara resultó herido levemente en una pierna y cayó prisionero, mientras que el resto de sus hombres corrieron la misma suerte y otros perdieron vida.

Los seis guerrilleros que iban delante lograron escapar a Chile, donde fueron recibidos como héroes.

A sus 39 años, el Che fue capturado el 8 de octubre de 1967 y fusilado un día después en La Higuera, en la misma jornada en la que John Lennon cumplía 27 años.

Mario Terán fue el encargado de fusilar a El Che, disparándole a modo simular una muerte en combate. “¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”, le dijo el rosarino a su verdugo, quien jamás pudo olvidar esa escena en un aula de la escuela de La Higuera.

Sus restos, enterrados de manera secreta, fueron hallados en 1997 en Vallegrande, un poblado cercano, junto a seis de sus compañeros de lucha.

“La guerrilla que contamos Historia íntima de una cobertura emblemática”, de José Luis Alcázar, Juan Carlos Salazar y Humberto Vacaflor, narra hechos poco conocidos de lo ocurrido en Bolivia en octubre de 1967 y de la muerte de El Che.

Alcázar relata que se abalanzaron hacia el cadáver del guerrillero, cubierto en una camilla atada al costado del helicóptero que trasladaba sus restos, donde fue testigo de dos hechos llamativos.

“Levantaban la cobija para ver el rostro y jalarle la barba y decirle ‘por fin has caído!’”, describió el periodista a ese momento. Además, el mismo tocó la mano del Che en esa escena: “Sentí un escalofrío, un estremecimiento (pues) estaba caliente”.

Gary Prado, el militar que capturó en la selva boliviana a El Che, aseguró en una entrevista reciente que Fidel Castro lo mandó a Bolivia. Lo envían a Bolivia “para librarse de él”, asegura. “No tenía idea de cómo era Bolivia”, dice este militar a quien un tiro accidental de un compañero hace más de 30 años le dejó en silla de ruedas. Algunos dicen que ese disparo fue fruto de una maldición.

La parcial versión de este uniformado se suma a otras tantas conjeturas difíciles de probar, incluso las que dan cuenta de que El Che eligió a Bolivia como escala previa para bajar a la Argentina, en su intención de exportar la Revolución Cubana al resto de América.